3 de junio de 2013

"Cuando una puerta se cierra, una ventana se abre"

Me encuentro en una habitación de pequeñas dimensiones, que a base de palabras, cada herida realizada por ellas, hace que encoja unos cuantos de metros cuadrados más. Se ha vuelto tan pequeña que la puerta roza con mi nariz y la espalda se apoya sobre un gran ventanal, el cual no había visto hasta ahora. El agobio y las ganas de salir se apoderan de mi. La puerta se acabó sellando por lo que no existe forma alguna de volver a abrirla, no la puedo derribar, ya que no tengo sitio para coger impulso. Se agota el tiempo y sólo me queda un escaso espacio para poder girar. Entonces veo la única solución, el gran ventanal. La luz te deslumbra, me había acostumbrado a esa dulce oscuridad. Está atascada y de nuevo ataca esa sensación que me impide intentar abrirla, echo de menos lo que había detrás de la puerta. Pero a través del ventanal no hay malas vista, la fuerzo para que se abra, lo logré, tengo una escapatoria. Me falta un pequeño empujón para salir de aquella habitación, que anteriormente era tan cómoda. Y, ¿por qué no? Cerré los ojos hice una promesa y me dejé caer. Aunque haya saltado, creerme que aún puedo ver la puerta desde abajo, y la seguiré recordando.